Todo empezó aquel día. Fue una premonición de lo que me esperaba, pero una premonición real, que me helaba el corazón y a su vez me hacía hervir la sangre. Me sentía bien estudiando Trabajo Social, ya que me gustaba la idea de ayudar a los demás y a su vez me sentía capacitada, había descubierto mi vocación. Cuando supe como funcionaban las prácticas de la carrera, me ilusioné, me esforcé por sacar buena nota en la asignatura que había que aprobar para hacerlas y así elegir el sector, y así fue. Saqué un sobresaliente y decidí, dentro de las pocas posibilidades que existían en mi ciudad, hacerlas en el sector de las drogodependencias. Pero llegó el día de reunirnos con el centro y de darme de frente con la realidad. Yo iba vestida normal, lo que para mi es normal. Eran prácticas, era una buena estudiante, pensaba que mis piercings o mi ropa no serían una traba, pero me equivoqué. El trabajador social de drogodependencias decidió que no quería que yo estuviera con él durante ese año. Ni mis buenas notas, ni que yo fuera la única que quisiera hacer las prácticas en ese ámbito sirvieron para nada: "no la veo aquí", y me trasladaron. La primera impresión y los prejuicios me golpearon en la cara. No voy a negar que me encabroné mucho, lloré y vertí todo tipo de insultos sobre esa persona que no me conocía de nada y no me daba la oportunidad de demostrar lo que soy. El karma hizo el resto. Hice mis prácticas en otro ámbito y mi tutor me enseñó mucho, y me echó un cable para que pudiera hacer después prácticas remuneradas y una beca. También me enteré de que el trabajador social de drogodependencias era, como sospechaba, un ser deleznable. Llamaba "trolls" a los pacientes, tenía todo el despacho decorado con fotos de toros... Me hizo un favor discriminándome.
Corría el 2007, el tiempo del "España va bien". Acababa de terminar la carrera y ya estaba pensando que tenía algo pendiente: estudiar Sociología. Una pasión que descubrí en la carrera de Trabajo Social. La Sociología me ayudaba a entender muchas cosas que ocurrían a mi alrededor, me aportaba conocimientos y conceptos que yo pensaba pero que no sabía expresar. Siempre me inquietó el ser humano, como nos relacionamos, como funciona el mundo. He de decir que el ser humano es la mayor lacra de la humanidad. A lo largo de los siglos nos hemos matado unos a otros, nos hemos pisado y poco a poco vamos destrozando el medio ambiente. Vivimos en un mundo donde predomina el individualismo y el ojo por ojo. Vivimos en un mundo repugnante.
Con mis dos carreras, volví a mi ciudad. Es una ciudad pequeña, donde las oportunidades laborales no son muchas, y menos en el ámbito social. Año 2010. La crisis ya estaba presente y era totalmente consciente de que iba a ser difícil encontrar mi sitio profesionalmente hablando. ¡Qué ilusa! Cuando estudiaba pensaba que al tener dos carreras relacionadas las empresas se me sortearían, ganaría un buen sueldo, me dedicaría a lo que me gusta y todo sería un mundo de arcoiris, piruletas y gente bailando congas multitudinarias. Ilusa, idealista... Precariedad.
A partir de entonces ese es mi apellido: precariedad. Conseguí una beca como trabajadora social, donde no cotizas pero trabajas como cualquier asalariado más. Se supone que son becas para que después tengas la oportunidad de quedarte en la empresa, pero en realidad las empresas cogen becarios porque así tienen a gente trabajando mientras los que les pagan son el Estado. Una vez se acaba la beca, cogen a otro, y así en un círculo infinito basado en aprovecharse de los demás.
Tuve que abrir mi mente y asimilar que, al menos de momento, y por un tiempo incierto, tendría que sacarme las castañas del fuego en el ámbito en el que me dieran una oportunidad. Eso es duro para una persona que ha invertido muchos años, y sus padres mucho dinero, para recibir una educación. No menosprecio otros ámbitos laborales, simplemente entiendo que si estudio dos carreras del ámbito social, debería dedicarme al ámbito social.
Probé suerte. Encontré un trabajo en un salón de juegos, ámbito que nada tenía que ver con lo mío, pero que me permitiría ahorrar un poco de dinero y comenzar otra aventura: en Barcelona. Barcelona tiene más oportunidades pero también tiene más gente, mucha gente, demasiada gente. Trabajos en los que te piden experiencia de muchos años, trabajos en los que si no tienes el certificado de nivel C de catalán ya te echan para atrás, trabajos en los que hace falta que hables tres idiomas, que te preguntan si sabes coser cuando el puesto es de trabajadora social. Sólo quiero ayudar a la gente, aplicar mis conocimientos y experiencia ayudando a la gente o investigando para conocer la realidad que nos rodea. ¿Me pueden ayudar para que yo ayude a los demás? No creo que sea algo egoísta. Ni siquiera pienso en el dinero, más que en hacer lo que sé hacer. Estoy aprendiendo catalán, dedicando horas y horas a buscar empleo y hay momentos desesperantes, en los que te sientes inútil, cuando realmente sabes que vales mucho más de lo que cualquier persona dedicada a la selección de personal en quince minutos puede descubrir.
¿Cómo voy a tener X años de experiencia si me cierran las puertas? ¿Cómo voy a aceptar las becas que me ofrecen de 9 horas al día por 300 euros mensuales? ¿Están de broma? Una cosa es asumir que tal y como están las cosas seguramente no se me pagará lo que me merezco, y otra muy distinta es permitir que se me explote, se me ningunee y se me trate como ganado.
Soy una persona. Y ustedes, empresarios y ett's deberíais empatizar un poco, mirarme a los ojos en las entrevistas, preocuparos por conocerme un poco más allá de las cuatro preguntas reglamentarias que hacéis porque así os va bien y ganáis lo mismo. Habéis conseguido que los "no" ya no duelan, porque la mayoría de las veces ni siquiera os molestáis en darlos, simplemente desaparecéis, ya que consideráis que es más fácil no decir nada que decir algo negativo. Prefiero mil veces un "no cumples el perfil que necesitamos" o "hay una persona que consideramos mejor" al silencio. Es una falta de educación, una desconsideración, una falta de empatía enorme. Me dan ganas de volver a la empresa, de zarandearos y gritaros: ¡DECID ALGO, JODER! Pero no me merece la pena.
He llegado a aceptar trabajos sin contrato, trabajos con contratos llenos de irregularidades, contratos temporales en los que no sabes qué día trabajarás. Trabajos mal pagados, trabajos que nada tienen que ver con lo mío... Muchas veces he dicho: hasta aquí, y me he vuelto a levantar, porque si no me muevo yo, nunca encontraré mi sitio.
Tengo estudios, me visto como ustedes quieren y les ofrezco todo mi potencial. Ahora bien, ya que yo les doy todo lo que puedo, ¿cuándo me darán una oportunidad medianamente decente con la que poder sobrevivir?
Sigo esperando, en mi camino, con el adjetivo PRECARIA colgado del cuello, a que llegue mi momento.
Y no sé cuando... pero llegará.
Buena foto. Nadie puede hacer más que lo que haces tú.
ResponderEliminarSaludos.
Gracias por leerme. Una foto que no me gustaría tener, pero que desde luego me hace más fuerte. Saludos.
EliminarMe dan ganas de practicar el estrangulamiento en masa, una hecatombe bíblica con todxs los que se apellidan inútiles. Tú vales mucho, ya llegará.
ResponderEliminarNo se si valdré mucho, pero que la mayoría de esos que salen por la tele y que les llaman políticos, banqueros, corona, etcétera, está claro que si. <3
EliminarNo te rindas, yo sigo pasando por lo mismo, haciendo algo que no es lo mío, la diferencia (y por la cual te envidio claro jejeje) es que yo ni siquiera tuve oportunidad de estudiar lo que amo, ahora mínimo tengo un trabajo decente, y sobre todo un jefe que tiene corazón, ahora estoy luchando por lograr mis sueños, y aunque cueste, esta vez no me rendiré, nadie debe rendirse a sus sueños, y en lo que cree que es. B.J.
ResponderEliminarLucha siempre. Nunca es tarde para estudiar lo que uno ama. Gracias por leerme y escribir :)
EliminarMe quedo con un montón de las cosas que has escrito... "Yo iba vestida normal, lo que para mi es normal..." Aiiix!! La maldita "Normalidad" de las narices... ¡La odio al máximo! Soy Maestra, vocacional... Y entiendo perfectamente ese querer ayudar, esas ganitas de cambiar el Mundo... Y, lo cierto, es que reconozco que soy una privilegiada, pues llevo dos años trabajando en mi Cole, con niños super especiales... ;) Pero... ¿Cambiar mi forma de vestir? ¡Ni loca! Mi forma de vestir no es más que un reflejo de mi personalidad, otra manera más de expresar quien soy... Desde el ámbito educativo, deberían romperse ese tipo de barreras impuestas por la Sociedad... Los trabajos, ser bueno en algo, en una profesión, en el Arte... No debería estar reñido con tus gustos de moda, musicales, etc...
ResponderEliminarMis Peques a veces me dicen: "Maestra... No me gusta como vas vestida hoy..." Y yo siempre les respondo: "A mí me gusta... ¿Le hace daño a alguien?" ;)
Y tras la super chapa... ^^ Solo decirte que ni se te ocurra renunciar a tus Sueños, no cambies... Porque nadie debería dejar de ser quien es ;)
Gracias por leer y por escribir. Nunca renunciaré a mis sueños, claro está. Y lo de cambiar mi estética (que se reduce a quitarme los piercings para las entrevistas y tapar mis tatuajes) es, está claro, hasta que encuentre un curro digno. Una de mis ideas es opositar, no solo por tener un trabajo fijo, sino para ir como me de la gana. En tu historia me recuerdas a mi padre, que es maestro también, y que iba a la escuela en los 80 con la chupa de cuero en un pueblo de garrulos de Asturias. Suerte, nos leemos :)
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